It's a gift... and a curse.
Una serie de bombardeos han azotado a Europa y el Dr. John Watson, fiel compañero del famoso detective Sherlock Holmes nos escribe cómo en esta su última aventura, Sherlock sospecha que los bombardeos han sido provocados por un villano que poseee su mismo intelecto, el profesor Moriarty. Cuando Sherlock trata de impedir uno de estos bombardeos provocados por Moriarty, se encuentra con su amada rival Irene Adler, quien desaparece sin dejar rastro, lo cual provoca que Sherlock busque capturar a Moriarty por toda Europa mientras el Dr. Watson intenta casarse y gozar de una tranquila luna de miel.
Hace dos años, se temía que la versión cinematográfica del director Guy Ritchie sobre el famoso personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle fuera una mediocre cinta enfocada en la acción que no le haría justicia al intelecto de Sherlock Holmes. Sin embargo, para sorpresa de muchos, la cinta combinaba de manera sumamente afortunada el ingenio del personaje con el frenético estilo del director. Todo ello aderezado por una extraordinaria actuación de Robert Downey Jr. y un exquisito rapport entre él y Jude Law.
Las buenas actuaciones y la cuidadosa puesta en escena de aquella cinta compensaban con creces sus defectos narrativos. Además de que en ella, a pesar de esos defectos, había un interés de parte del espectador por el misterioso caso que ocurría o por las ingeniosas secuencias cómicas. El problema de esta secuela es que el espectador requiere impresionantes habilidades de deducción para dilucidar su misteriosa trama y que las secuencias cómicas carecen de toda sutileza.
Dicho de otro modo, en “Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” hay un misterio que resolver, pero a nosotros, los espectadores, no se nos revela ninguna información que pudiera hacernos interesarnos en dicho misterio. Es un error bastante grave en cualquier cinta de detectives, más en una que trata sobre el detective más famoso de todos. En esta secuela, el misterio resulta ser la trama misma, la cual es innecesariamente enredada como para complicarla con una torpe narrativa y poca información.
En ese sentido, la película resulta un esfuerzo mediocre y decepcionante, pues en vez de mejorar los defectos de la lograda primera parte, se concentra en repetir los mismos patrones pero sin el ingenio con el que se contaban en aquella. Por ejemplo, no es que no siga habiendo un logrado rapport entre Sherlock Holmes y su fiel compañero Watson, pero existe en menor medida.
Robert Downey Jr. también está mucho menos controlado por lo cual su actuación luce mucho más descuidada y el abuso en las bien editadas secuencias de deducción o en los disfraces que adopta el personaje llega a ser monótono en varias ocasiones. Jude Law por su parte conserva muy bien el nivel de su anterior actuación y los personajes secundarios hacen un buen trabajo, pero esta vez tanto Rachel McAdams como Noomi Rapace lucen como mero accesorio ante el descarado homoerotismo llevado al extremo en una secuencia de baile.
Sigue habiendo un par de extraordinarias secuencias de acción, pero la fotografía en ellas o el impacto emocional con respecto a la historia es menor porque la puesta en escena es descuidada y la historia no tiene una dirección adecuada. O bien la música, que se limita a usar la extraordinaria atonalidad de las composiciones de Hans Zimmer complementándola con mediocres rellenos creados para esta secuela.
“Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” termina siendo más estilo que sustancia, justo lo que uno temía que fuera hace dos años la nueva versión de Guy Ritchie, pero uno puede admitir que funciona medianamente bien si uno va buscando una descarrilada cinta de acción que no puede ni sabe donde meter el freno.
Y siendo justos el final es bastante logrado, pues es cuando finalmente se deciden a revelarnos la información necesaria para que pueda interesarnos lo que sucede, con un duelo final que antepone el intelecto y que es un robo descarado de una de las historias más famosas del detective.
A estas alturas, a Ritchie habría que exigirle más, aunque sea uno de esos magos de un solo truco, le hemos visto realizar su acto con mayor prestidigitación. Aquí se lo comen las libertades que le dió una exitosa primera parte, convirtiendo esto en una descuidada secuela que sólo entretiene en la medida en que uno no vaya a ver una cinta de detectives, sino un simple vehículo de entretenimiento cargado de explosiones y homoerotismo.

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