lunes, 9 de enero de 2012

El cine del fin del mundo > Presas del diablo

Hasta el viento da más miedo

Observando "Presas del diablo" (The ward), la nueva cinta del oxidado maestro del terror John Carpenter, uno no puede evitar rascarse la cabeza preguntándose como puede ser posible ver tanta incompetencia en algo que debería resultar una modestamente entretenida cinta de terror. Vemos casi todos los elementos del cine de Carpenter, pero acomodados de tal manera que uno cuestiona si se le puede considerar maestro a alguien que comete tantos errores en una cinta que debería avanzar de forma mucho más simple.

Cuando Carpenter intenta generar tensión en realidad no está pasando nada (esos tibios primeros intentos de la protagonista de escapar del manicomio donde no existe mayor amenaza). Y cuando debería intentar generar tensión, Carpenter deja correr la escena pensando que por generación espontánea uno tiene la obligación de sentirse asustado (esos locos intentos de la protagonista de escapar del manicomio donde es perseguida por el fantasma y los loqueros).

Incluso en escenas donde vemos al fantasma cometiendo alguna dulce atrocidad a una de las internas del manicomio, Carpenter arruina la posible tensión poniendo a las chicas a bailar en las escenas previas, o  duchándose con una irrisoria solemnidad que termina distrayéndonos de cualquier posible amenaza. Vaya, se pueden tener bailes ridículos como en "Hasta el viento tiene miedo" (original o remake) o escenas en la ducha como en "Carrie" o "Eso" (It) y provocar inmediatamente después una genuina sensación de terror, el punto es darle a la escena el tono o el timing adecuado, cosa que nunca sucede en "Presas del diablo".

La película comienza con una chica llamada Kristen, quien por alguna razón decide quemar una granja. La policía decide llevarla al manicomio donde hemos visto a una chica "suicidarse" luego de ser amenazada por una presencia fantasmal. A partir de aquí, el relato es simple, Kristen se debe adaptar al manicomio mientras intenta escapar en tantas ocasiones como le sea posible dentro de los 88 minutos de la película, todo mientras va descubriendo que hay una amenaza fantasmal de la cual ninguna de sus compañeras desea hablar.

Con tan simple argumento, Carpenter se niega a jugar con la ya de por si cuestionable cordura de la protagonista, como temeroso de revelarnos una posible vuelta de tuerca. Y es justo ese temor lo que hace que las mismas protagonistas nunca sepan que hacer con sus personajes. Las chicas tienen los estereotipos comunes: la retraída chica infantil, la niña bien que se cree la más guapa de todas, la impredecible loca violenta, la intelectual y la protagonista de carácter firme que se convierte en una especie de líder para las demás.  Nunca le dan matices a estas personalidades y sobreactuan con tanta timidez que ni siquiera se le puede llamar a eso sobreactuar. De hecho, la película se hubiera beneficiado de un poco de verdadera sobreactuación, después de todo están locas y eso hubiera hecho las cosas al menos un poco más divertidas.

La tibia dirección llega a tal extremo que incluso la percusiva banda sonora golpea sin fuerza en los ataques y persecusiones, además de no alcanzar el tono épicamente desquiciado que debería proponerse cuando se asume como un coro a grandes voces con melodías que parecen sacadas de una función de circo. Al tratar de ocultarnos deficientemente los secretos de un ya de por si cuestionable argumento, a pesar de que estamos viendo elementos que obviamente nos indican que algo más estás sucediendo realmente (después de todo estamos en un manicomio), el final resulta igual de poco logrado.

Lo más destacado es la precisión casi quirúrgica con la que la cámara retrata al manicomio en el que se desarrolla la historia y a sus protagonistas. Aunque de ser sincero lo que más me impactó fue que Carpenter lograra lo imposible, hacer que la usualmente bella Amber Heard luciera completamente lo opuesto. Hasta ese placer se nos niega, pero bueno, al menos puedo decir que algunas escenas violentas están lo suficientemente bien filmadas como para provocar algo de asco y naúseas, cosa deseable en una cinta de horror. Aunque eso también me hace recordar como Carpenter también falla en los sustos más simples de todos, pues cuando un personaje sale de la nada de forma "inesperada" uno permanece inmóvil.

Esta de más mencionar que la cinta me recordó a "Hasta el viento tiene miedo" por aquello de chicas guapas en una institución con amenaza fantasmal. Aunque también me mantuvo recordando a la muy modesta y cuestionable "Esquizofrenia" (Deadline) por aquello de la chica loca. Y si bien "Esquizofrenia" también tiene una cuestionable calidad, tanto ella como "Hasta el Viento.."  son mejores ejemplos de como una modesta cinta puede avanzar sin tantas dificultades y con un genuino interés en su argumento. Quizás también tendría que haber recordado a "La Isla Siniestra" (Shutter Island), pero la dirección de Carpenter es tan torpe que Scorsese jamás se viene a la mente hasta que uno piensa en como Carpenter debría jugar con la psique de su personaje principal en vez de convertirla en una niña loca berrinchuda.

En esencia, aquí estamos viendo los mismo elementos de Halloween, pero con una asesina que posee cualidades mucho más sobrenaturales que las que poseía el mítico Michael Myers, cuyas características más terrenales lo hacían una amenaza mayor que la presencia fantasmal de "Presas del diablo". El tono aquí tendría que ser  mucho más juguetón y menos esterilmente quirúrgico. Ojalá alguien le hubiera avisado a Carpenter que estaba dirigiendo The Ward y no Halloween. Quizás alguno de sus fans, quienes no tendrían porque perdonarle un producto tan incompetente, pero quienes también son los únicos que podrían estar interesados en ver un desastre como éste y no sufrir tanto.


lunes, 2 de enero de 2012

El cine del fin del mundo > Sherlock Holmes: Juego de Sombras

 It's a gift... and a curse.
 
Una serie de bombardeos han azotado a Europa y el Dr. John Watson, fiel compañero del famoso detective Sherlock Holmes nos escribe cómo en esta su última aventura, Sherlock sospecha que los bombardeos han sido provocados por un villano que poseee su mismo intelecto, el profesor Moriarty. Cuando Sherlock trata de impedir uno de estos bombardeos provocados por Moriarty, se encuentra con su amada rival Irene Adler, quien desaparece sin dejar rastro, lo cual provoca que Sherlock busque capturar a Moriarty por toda Europa mientras el Dr. Watson intenta casarse y gozar de una tranquila luna de miel.
 
Hace dos años, se temía que la versión cinematográfica del director Guy Ritchie sobre el famoso personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle fuera una mediocre cinta enfocada en la acción que no le haría justicia al intelecto de Sherlock Holmes. Sin embargo, para sorpresa de muchos, la cinta combinaba de manera sumamente afortunada el ingenio del personaje con el frenético estilo del director. Todo ello aderezado por una extraordinaria actuación de Robert Downey Jr. y un exquisito rapport entre él y Jude Law.

Las buenas actuaciones y la cuidadosa puesta en escena de aquella cinta compensaban con creces sus defectos narrativos. Además de que en ella, a pesar de esos defectos, había un interés de parte del espectador por el misterioso caso que ocurría o por las ingeniosas secuencias cómicas. El problema de esta secuela es que el espectador requiere impresionantes habilidades de deducción para dilucidar su misteriosa trama y que las secuencias cómicas carecen de toda sutileza.

Dicho de otro modo, en “Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” hay un misterio que resolver, pero a nosotros, los espectadores, no se nos revela ninguna información que pudiera hacernos interesarnos en dicho misterio. Es un error bastante grave en cualquier cinta de detectives, más en una que trata sobre el detective más famoso de todos. En esta secuela, el misterio resulta ser la trama misma, la cual es innecesariamente enredada como para complicarla con una torpe narrativa y poca información.

En ese sentido, la película resulta un esfuerzo mediocre y decepcionante, pues en vez de mejorar los defectos de la lograda primera parte, se concentra en repetir los mismos patrones pero sin el ingenio con el que se contaban en aquella. Por ejemplo, no es que no siga habiendo un logrado rapport entre Sherlock Holmes y su fiel compañero Watson, pero existe en menor medida.

Robert Downey Jr. también está mucho menos controlado por lo cual su actuación luce mucho más descuidada y el abuso en las bien editadas secuencias de deducción o en los disfraces que adopta el personaje llega a ser monótono en varias ocasiones. Jude Law por su parte conserva muy bien el nivel de su anterior actuación y los personajes secundarios hacen un buen trabajo, pero esta vez tanto Rachel McAdams como Noomi Rapace lucen como mero accesorio ante el descarado homoerotismo llevado al extremo en una secuencia de baile.
 
Sigue habiendo un par de extraordinarias secuencias de acción, pero la fotografía en ellas o el impacto emocional con respecto a la historia es menor porque la puesta en escena es descuidada y la historia no tiene una dirección adecuada. O bien la música, que se limita a usar la extraordinaria atonalidad de las composiciones de Hans Zimmer complementándola con mediocres rellenos creados para esta secuela.

“Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” termina siendo más estilo que sustancia, justo lo que uno temía que fuera hace dos años la nueva versión de Guy Ritchie, pero uno puede admitir que funciona medianamente bien si uno va buscando una descarrilada cinta de acción que no puede ni sabe donde meter el freno.
 
Y siendo justos el final es bastante logrado, pues es cuando finalmente se deciden a revelarnos la información necesaria para que pueda interesarnos lo que sucede, con un duelo final que antepone el intelecto y que es un robo descarado de una de las historias más famosas del detective. 
 
A estas alturas, a Ritchie habría que exigirle más, aunque sea uno de esos magos de un solo truco, le hemos visto realizar su acto con mayor prestidigitación. Aquí se lo comen las libertades que le dió una exitosa primera parte, convirtiendo esto en una descuidada secuela que sólo entretiene en la medida en que uno no vaya a ver una cinta de detectives, sino un simple vehículo de entretenimiento cargado de explosiones y homoerotismo.