jueves, 2 de febrero de 2012

El cine del fin del mundo > Al Borde del abismo (Man on a ledge)

 I want my money back, I want my money back...just enjoy the show

Hay cierto placer morboso al observar una película como "Al borde del abismo" (Man on a Ledge). Si uno trata de aplicar el pensamiento crítico uno puede observar las malas actuaciones, una historia implausible, escenas completamente gratuitas y un argumento que se autosabotea en múltiples ocasiones por su inconsistencia. Y sin embargo me es imposible negar decir que la encontré sumamente divertida por esas mismas razones, pues la conjunción de todos sus errores y defectos resulta por momentos tan asombrosa, que dentro del universo de las malas películas "Al borde del abismo" destaca en medio de tanta mediocridad.

Decir que los actores saltan sin red de protección puede resultar una frase estúpida en una cinta sobre un hombre que amenaza con suicidarse lanzándose de la cornisa de un alto edificio, pero si toma usted en cuenta que el título original de la película es "Hombre en una cornisa", las frases estúpidas le van bien a títulos estúpidos y yo soy un fervente creyente que la película es la que dicta la crítica. Más allá de estupideces, los actores no tienen empacho en lo poco profesional que resultan sus interpretaciones. Es cierto, el argumento de la cinta llega a ser bastante cuestionable pero uno se pregunta porque aceptan participar en una trama de la cual no están convencidos, lo que provoca que muchos se dediquen a echar relajo y otros pocos intenten sin éxito encontrarle sentido al sinsentido.

El señor Sam Worthington como el protagonista que amenaza con lanzarse de lo alto de un hotel ante una entusiasta multitud neoyorkina nos muestra las mil caras de la inexpresividad en un performance que envidiaría el mismísimo Keanu Reeves. Worhington de plano parece que intenta una y otra vez entender a su personaje pero en medio de esta lucha lo vemos  más confundido de lo que debiera, casi como un niño actor que no entiende lo que el director quiere y lucha por aguantar el berrinche. El usualmente confiable Antony Mackie tiene cierta justificación pues el guión no le ayuda mucho a definir de que bando juega su personaje, por lo que él termina confundido y confundiéndonos en consecuencia. Si él no entiende,  nosotros menos.

Del otro lado de la moneda están los más, los que de plano se dedican a echar relajo: la bellísima Génesis Rodríguez quien lo mismo grita groserías en español, aplica un sentido del humor seductor y trata de lucir lo más perfecta posible en cada encuadre; un desorbitado Ed Harris como un ambicioso magnate dueño de una joyería quien lleva a su villano a niveles bastante caricaturescos que en otras circunstancias funcionarían pero el querido Ed, quien se nota se divierte bastante, lo lleva a niveles en extremo ridículos porque se ve que la historia le da lo mismo; El joven Jamie Bell hace su mejor intento de comedia que funciona cuando la propia Génesis Rodríguez se burla de él, lo cual habla mejor de Génesis que de Jamie; Edward Burns si llega a contagiar un poco su tono burlón, pero más que nada porque la hace de compañero/socio de Elizabeth Banks, lo cual habla que los hombres en esta cinta sólo funcionan como patiños de las actrices; Titus Welliver luce muy concentrado tratando de no reír y poniendo cara de tipo serio recordando sus tiempos en la serie televisiva "Brooklyn South", con chiste autoreferencial incluído; finalmente no podía faltar la amarillista y  mala leche reportera televisiva encarnada por Kyra Sedgwick.

En este mundo lleno de malas actuaciones, por increíble que parezca existe una actuación sobresaliente: Elizabeth Banks es la única que entiende en que tipo de película se encuentra parada y le da a su personaje un profesionalismo digno de destacar. A diferencia de Mackie, Banks no nos confunde, nos guìa. Banks logra librar los problemas de guión de su personaje tomándose el relajo como una cosa seria. Algo aprendió de esto siendo dirigida por tipos como Judd Apatow o Kevin Smith, pues cuando en principio nos la presentan como una policía floja y descuidada, Banks luce esa actitud de me importa un carajo de tan buena forma que hasta contagía simpatía, mientras que cuando el guión la transforma en una policía honesta y trabajadora sin demasiada justificación Banks no tiene problemas en darle el toque hawskiano que adquiere el personaje. Banks es pues, una actriz hawskiana dentro y fuera del set, logra dar una gran actuación llena de profesionalismo que es digna de elogio.

Por otro lado están las escenas gratuitas, pues el guión se las ingenia para mostranos a la bella Génesis Rodríguez en ropa interior en medio de un robo. No tiene mucho sentido o justificación, pero es difícil quejarse cuando vemos tanta belleza reunida en una sola mujer. Si usted se fija no he hablado mucho de la trama de la cinta y es que no hay mucho de que hablar sin arruinar las pocas sorpresas que ofrece la simple historia: no es que no dé giros de tuerca, sino que los da de una forma que podemos predecirlos, que no tienen ningún tipo de sentido y/o que resultan inverosímiles. Pero bueno, intentémoslo, la historia trata de un ex-policía que es condenado a 25 años de prisión por el robo de un diamante. Durante el funeral de su padre el tipo logra escapar tras una bizarra pelea con su rencoroso hermano. Vemos al ex-policía en tiempo presente amenazando con saltar de un edificio y todo va a desarrollarse en este ambiente: con la policía buscando al fugitivo, con los otros policías tratando de que el suicida no se aviente sin saber que se trata de un fugitivo y con dos personajes realizando el robo a una joyería.

Queda claro que nada es lo que parece y que las intenciones del personaje van por otro lado desde el inicio, pero el interés radica en el entusiasmo que imparte el debutante director (en los terrenos de la ficción) Asger Leth a los implausibles giros de la trama. Vaya, si esto no fuera una película todo tendría que salir mal, pero aún dándole el beneficio de jugar con el hecho de que estamos en una película, las inconsistencias de los personajes y de su actuar hacen que uno se divierta más con dichas inconsistencias que con lo que está sucediendo, de forma que cuando uno llega al final uno se pregunta si en serio ese era el plan del personaje principal. Dicho lo cual, se entiende que casi nadie estuviera muy convencido del asunto, pero por algo le llaman actuación, no hubiera estado mal un poco de profesionalismo. Asger Leth no tiene mucha ayuda de sus actores ni del guión, pero debo decir que me agradó su entusiasmo al dirigir, él y Banks hacen visible la película para aquel que busque un salvavidas en medio del desastre.

Decía que si uno aplica el pensamiento crítico se vuelve casi imposible disfrutar una cinta como "Al borde del abismo". Intente mejor aplicar la mentira feliz del pensamiento mágico, en donde se pueden disfrutar las malas películas por lo asombroso de sus defectos y simplemente...disfrute del show.

lunes, 9 de enero de 2012

El cine del fin del mundo > Presas del diablo

Hasta el viento da más miedo

Observando "Presas del diablo" (The ward), la nueva cinta del oxidado maestro del terror John Carpenter, uno no puede evitar rascarse la cabeza preguntándose como puede ser posible ver tanta incompetencia en algo que debería resultar una modestamente entretenida cinta de terror. Vemos casi todos los elementos del cine de Carpenter, pero acomodados de tal manera que uno cuestiona si se le puede considerar maestro a alguien que comete tantos errores en una cinta que debería avanzar de forma mucho más simple.

Cuando Carpenter intenta generar tensión en realidad no está pasando nada (esos tibios primeros intentos de la protagonista de escapar del manicomio donde no existe mayor amenaza). Y cuando debería intentar generar tensión, Carpenter deja correr la escena pensando que por generación espontánea uno tiene la obligación de sentirse asustado (esos locos intentos de la protagonista de escapar del manicomio donde es perseguida por el fantasma y los loqueros).

Incluso en escenas donde vemos al fantasma cometiendo alguna dulce atrocidad a una de las internas del manicomio, Carpenter arruina la posible tensión poniendo a las chicas a bailar en las escenas previas, o  duchándose con una irrisoria solemnidad que termina distrayéndonos de cualquier posible amenaza. Vaya, se pueden tener bailes ridículos como en "Hasta el viento tiene miedo" (original o remake) o escenas en la ducha como en "Carrie" o "Eso" (It) y provocar inmediatamente después una genuina sensación de terror, el punto es darle a la escena el tono o el timing adecuado, cosa que nunca sucede en "Presas del diablo".

La película comienza con una chica llamada Kristen, quien por alguna razón decide quemar una granja. La policía decide llevarla al manicomio donde hemos visto a una chica "suicidarse" luego de ser amenazada por una presencia fantasmal. A partir de aquí, el relato es simple, Kristen se debe adaptar al manicomio mientras intenta escapar en tantas ocasiones como le sea posible dentro de los 88 minutos de la película, todo mientras va descubriendo que hay una amenaza fantasmal de la cual ninguna de sus compañeras desea hablar.

Con tan simple argumento, Carpenter se niega a jugar con la ya de por si cuestionable cordura de la protagonista, como temeroso de revelarnos una posible vuelta de tuerca. Y es justo ese temor lo que hace que las mismas protagonistas nunca sepan que hacer con sus personajes. Las chicas tienen los estereotipos comunes: la retraída chica infantil, la niña bien que se cree la más guapa de todas, la impredecible loca violenta, la intelectual y la protagonista de carácter firme que se convierte en una especie de líder para las demás.  Nunca le dan matices a estas personalidades y sobreactuan con tanta timidez que ni siquiera se le puede llamar a eso sobreactuar. De hecho, la película se hubiera beneficiado de un poco de verdadera sobreactuación, después de todo están locas y eso hubiera hecho las cosas al menos un poco más divertidas.

La tibia dirección llega a tal extremo que incluso la percusiva banda sonora golpea sin fuerza en los ataques y persecusiones, además de no alcanzar el tono épicamente desquiciado que debería proponerse cuando se asume como un coro a grandes voces con melodías que parecen sacadas de una función de circo. Al tratar de ocultarnos deficientemente los secretos de un ya de por si cuestionable argumento, a pesar de que estamos viendo elementos que obviamente nos indican que algo más estás sucediendo realmente (después de todo estamos en un manicomio), el final resulta igual de poco logrado.

Lo más destacado es la precisión casi quirúrgica con la que la cámara retrata al manicomio en el que se desarrolla la historia y a sus protagonistas. Aunque de ser sincero lo que más me impactó fue que Carpenter lograra lo imposible, hacer que la usualmente bella Amber Heard luciera completamente lo opuesto. Hasta ese placer se nos niega, pero bueno, al menos puedo decir que algunas escenas violentas están lo suficientemente bien filmadas como para provocar algo de asco y naúseas, cosa deseable en una cinta de horror. Aunque eso también me hace recordar como Carpenter también falla en los sustos más simples de todos, pues cuando un personaje sale de la nada de forma "inesperada" uno permanece inmóvil.

Esta de más mencionar que la cinta me recordó a "Hasta el viento tiene miedo" por aquello de chicas guapas en una institución con amenaza fantasmal. Aunque también me mantuvo recordando a la muy modesta y cuestionable "Esquizofrenia" (Deadline) por aquello de la chica loca. Y si bien "Esquizofrenia" también tiene una cuestionable calidad, tanto ella como "Hasta el Viento.."  son mejores ejemplos de como una modesta cinta puede avanzar sin tantas dificultades y con un genuino interés en su argumento. Quizás también tendría que haber recordado a "La Isla Siniestra" (Shutter Island), pero la dirección de Carpenter es tan torpe que Scorsese jamás se viene a la mente hasta que uno piensa en como Carpenter debría jugar con la psique de su personaje principal en vez de convertirla en una niña loca berrinchuda.

En esencia, aquí estamos viendo los mismo elementos de Halloween, pero con una asesina que posee cualidades mucho más sobrenaturales que las que poseía el mítico Michael Myers, cuyas características más terrenales lo hacían una amenaza mayor que la presencia fantasmal de "Presas del diablo". El tono aquí tendría que ser  mucho más juguetón y menos esterilmente quirúrgico. Ojalá alguien le hubiera avisado a Carpenter que estaba dirigiendo The Ward y no Halloween. Quizás alguno de sus fans, quienes no tendrían porque perdonarle un producto tan incompetente, pero quienes también son los únicos que podrían estar interesados en ver un desastre como éste y no sufrir tanto.


lunes, 2 de enero de 2012

El cine del fin del mundo > Sherlock Holmes: Juego de Sombras

 It's a gift... and a curse.
 
Una serie de bombardeos han azotado a Europa y el Dr. John Watson, fiel compañero del famoso detective Sherlock Holmes nos escribe cómo en esta su última aventura, Sherlock sospecha que los bombardeos han sido provocados por un villano que poseee su mismo intelecto, el profesor Moriarty. Cuando Sherlock trata de impedir uno de estos bombardeos provocados por Moriarty, se encuentra con su amada rival Irene Adler, quien desaparece sin dejar rastro, lo cual provoca que Sherlock busque capturar a Moriarty por toda Europa mientras el Dr. Watson intenta casarse y gozar de una tranquila luna de miel.
 
Hace dos años, se temía que la versión cinematográfica del director Guy Ritchie sobre el famoso personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle fuera una mediocre cinta enfocada en la acción que no le haría justicia al intelecto de Sherlock Holmes. Sin embargo, para sorpresa de muchos, la cinta combinaba de manera sumamente afortunada el ingenio del personaje con el frenético estilo del director. Todo ello aderezado por una extraordinaria actuación de Robert Downey Jr. y un exquisito rapport entre él y Jude Law.

Las buenas actuaciones y la cuidadosa puesta en escena de aquella cinta compensaban con creces sus defectos narrativos. Además de que en ella, a pesar de esos defectos, había un interés de parte del espectador por el misterioso caso que ocurría o por las ingeniosas secuencias cómicas. El problema de esta secuela es que el espectador requiere impresionantes habilidades de deducción para dilucidar su misteriosa trama y que las secuencias cómicas carecen de toda sutileza.

Dicho de otro modo, en “Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” hay un misterio que resolver, pero a nosotros, los espectadores, no se nos revela ninguna información que pudiera hacernos interesarnos en dicho misterio. Es un error bastante grave en cualquier cinta de detectives, más en una que trata sobre el detective más famoso de todos. En esta secuela, el misterio resulta ser la trama misma, la cual es innecesariamente enredada como para complicarla con una torpe narrativa y poca información.

En ese sentido, la película resulta un esfuerzo mediocre y decepcionante, pues en vez de mejorar los defectos de la lograda primera parte, se concentra en repetir los mismos patrones pero sin el ingenio con el que se contaban en aquella. Por ejemplo, no es que no siga habiendo un logrado rapport entre Sherlock Holmes y su fiel compañero Watson, pero existe en menor medida.

Robert Downey Jr. también está mucho menos controlado por lo cual su actuación luce mucho más descuidada y el abuso en las bien editadas secuencias de deducción o en los disfraces que adopta el personaje llega a ser monótono en varias ocasiones. Jude Law por su parte conserva muy bien el nivel de su anterior actuación y los personajes secundarios hacen un buen trabajo, pero esta vez tanto Rachel McAdams como Noomi Rapace lucen como mero accesorio ante el descarado homoerotismo llevado al extremo en una secuencia de baile.
 
Sigue habiendo un par de extraordinarias secuencias de acción, pero la fotografía en ellas o el impacto emocional con respecto a la historia es menor porque la puesta en escena es descuidada y la historia no tiene una dirección adecuada. O bien la música, que se limita a usar la extraordinaria atonalidad de las composiciones de Hans Zimmer complementándola con mediocres rellenos creados para esta secuela.

“Sherlock Holmes: Un Juego de Sombras” termina siendo más estilo que sustancia, justo lo que uno temía que fuera hace dos años la nueva versión de Guy Ritchie, pero uno puede admitir que funciona medianamente bien si uno va buscando una descarrilada cinta de acción que no puede ni sabe donde meter el freno.
 
Y siendo justos el final es bastante logrado, pues es cuando finalmente se deciden a revelarnos la información necesaria para que pueda interesarnos lo que sucede, con un duelo final que antepone el intelecto y que es un robo descarado de una de las historias más famosas del detective. 
 
A estas alturas, a Ritchie habría que exigirle más, aunque sea uno de esos magos de un solo truco, le hemos visto realizar su acto con mayor prestidigitación. Aquí se lo comen las libertades que le dió una exitosa primera parte, convirtiendo esto en una descuidada secuela que sólo entretiene en la medida en que uno no vaya a ver una cinta de detectives, sino un simple vehículo de entretenimiento cargado de explosiones y homoerotismo.